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Fidel, Carter y las misiones secretas de Paul Austin

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Cubadebate

Fidel Castro y J Paul Austin, en La Habana.La administración del demócrata James Carter (1977-1981), fue realmente singular en cuanto a la manera de conformar e implementar la política hacia Cuba. Carter ha sido hasta nuestros días el único presidente estadounidense que expresó por escrito, a través de una directiva presidencial,[i] su voluntad de avanzar en un proceso que culminara en la “normalización”[ii] de las relaciones con Cuba. En septiembre de 1980, llegaría incluso a trasladar a Fidel Castro, a través de un emisario secreto, su deseo de sostener de manera confidencial un contacto directo antes de que concluyera el año. Durante su mandato se establecieron los más inverosímiles canales extraoficiales de comunicación y se realizaron las más amplias conversaciones secretas entre representantes de ambos países. De aquella experiencia aún sobreviven las secciones de intereses en Washington y La Habana.

Bernando Benes y Carlos Dascal, dos banqueros cubanoamericanos, desempeñaron un rol trascendental como intermediarios entre ambos gobiernos en esos años.[iii] Pero no menos relevante en ese sentido fue el papel que desempeñó Paul Austin (1915-1985), amigo personal de Carter y presidente de la compañía Coca Cola (1962-1981).

Por lo interesante que resulta esta historia de las misiones secretas de Paul Austin, nos limitaremos en este texto a su abordaje junto a la contextualización imprescindible, pero la misma solo constituye un pequeño pasaje de una historia mucho más abarcadora que comprende los distintos momentos en que se han producido acercamientos, diálogos y negociaciones entre Estados Unidos y Cuba, desde el propio año 1959, hasta nuestros días. Historia que abordan ampliamente dos libros que acaban de salir a la luz en ambos países: Back Channel to Cuba. The hidden history of negotiations between Washington and Havana (The University of North Carolina Press Chapel Hil, 2014), de los investigadores estadounidenses William Leogrande y Peter Kornbluh y De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba (Editorial de Ciencias Sociales, 2014) de los analistas cubanos Esteban Morales y el autor de este trabajo.
Primer viaje de Paul Austin a Cuba

Paul Austin, nacido en Georgia en 1915 y graduado en la escuela de leyes de la Universidad de Harvard en 1940, conoció a Carter siendo ya el principal ejecutivo de la multinacional Coca Cola, después de una maratónica carrera de ascenso caracterizada por el éxito. Austin había dado su apoyo personal, profesional y financiero al candidato demócrata durante la campaña presidencial.

Establecidos estos vínculos, Austin viaja a Cuba a inicios de junio de 1977, entusiasmado con la idea de reiniciar los negocios de su empresa en la Isla. La Coca Cola había sido una de las grandes compañías estadounidenses nacionalizadas en 1960.

El día 4 de junio, Austin y su ayudante Ted Circuit, jefe de la compañía para las operaciones en Latinoamérica, fueron recibidos por el Comandante en Jefe, en el Palacio de la Revolución. Al día siguiente, continuaron sus pláticas con el líder cubano durante un viaje que hicieron en avión a la Isla de la Juventud.

En la conversación inicial con Fidel, Austin a título personal señaló que Carter iba a necesitar para poder levantar el bloqueo a la Isla, alguna forma de satisfacer a la opinión pública de los Estados Unidos. Y que el presidente norteamericano le había dicho, que eso podía lograrse con la retirada de las tropas cubanas de África y la liberación de algunos “presos políticos”. Fidel le respondió que era cierto que Carter había tomado algunos pasos positivos con respecto a Cuba y que el gobierno cubano tenía eso muy en cuenta, pero que la cuestión de los presos y de los compromisos internacionales de Cuba, eran problemas que atañían a la soberanía de Cuba y por tanto no podían ser negociados. No obstante, Cuba de manera unilateral, para facilitar la política de Carter con relación a Cuba y como prueba de buena voluntad, había liberado recientemente a diez norteamericanos presos en la Isla y facilitaría la salida de otro grupo.

Ahora –continuó Fidel-, usted me plantea un problema que es más delicado, el problema del personal militar nuestro, por ejemplo, en Angola.

Yo quiero decirle lo siguiente: nosotros tuvimos un número relativamente elevado de personal militar en Angola. Cuando se acabó la guerra, nosotros empezamos a retirar el personal. Incluso, habíamos reducido más de la mitad del personal. En el período de 10 meses, es decir, desde abril de 1976 a febrero de 1977, nosotros habíamos reducido más de la mitad del personal, en un programa de evacuación de acuerdo con el gobierno angolano.

Claro, eso tenía que hacerse de esa forma. Teníamos que hacerlo de esa forma, dado el hecho real de que en la frontera de Angola están las tropas sudafricanas, y una evacuación total del personal militar de Angola, puede traer el peligro de nuevas agresiones a la República de Angola.

Ahora bien: cuando se produjeron los sucesos en Zaire —yo supongo que usted esté informado de eso—, ellos nos acusaron a nosotros de haber participado en eso.[iv] Y yo le digo con absoluta sinceridad que nosotros no tenemos nada que ver con el problema de Zaire: ni entrenamos un hombre, ni entregamos un arma, ni siquiera sabíamos qué iba a ocurrir. Esa gente vivía en la frontera de Zaire, en extensiones muy grandes, y nosotros no sabíamos ni siquiera cuáles eran los planes de ellos.

Ahora, incluso nosotros éramos partidarios de una mejora de las relaciones entre Zaire y Angola. Angola tiene que reconstruir el país, tiene que desarrollar la economía, y necesita paz. Pero cuando se produjeron aquellos ataques, que fue un problema interno de Zaire, hubo una intervención de Francia, hubo una intervención de Marruecos, y nosotros tuvimos que detener la evacuación del personal nuestro y tomar medidas de aseguramiento de la defensa de Angola.

¿Qué ha sucedido? Nosotros tenemos mucho menos personal del que teníamos durante la guerra.

Hay un segundo problema, que yo espero que usted comprenda y que Carter tiene que comprender también, y es que nosotros tenemos ciertos acuerdos con el gobierno de Angola, y nosotros no podemos unilateralmente violar esos acuerdos. Si hiciéramos eso, no seríamos un gobierno serio, no estaríamos cumpliendo con el espíritu de esos acuerdos.

En realidad, nosotros no estamos en Angola en un espíritu contra los Estados Unidos, ni contra Carter. Yo sé que Carter no tiene responsabilidad en los hechos anteriores. Sabemos que es responsabilidad de Kissinger, que Kissinger propició la intervención en Angola de Zaire y de Sudáfrica.

De modo que nosotros no podríamos negociar, porque no sería honorable para nosotros negociar con relación a nuestro personal militar en Angola, porque perderíamos el respeto y el prestigio. Tengo que decirle con sinceridad que no podemos hacer negociaciones sobre esas bases.[v]

Austin preguntó a Fidel si podía hacerle saber sus puntos de vista a Carter. “Sí se lo puedo decir. Privadamente”, respondió el Comandante en Jefe.

Solo tres días después de su conversación con Fidel, Austin visitó a Carter en la Casa Blanca para informarle de lo conversado con el líder cubano. “Paul Austin me visita para reportar su visita personal a Castro”, señaló Carter en su diario de la Casa Blanca el 8 de junio de 1977. “Él está ansioso por entrar en Cuba con la Coca Cola y quedó favorablemente impresionado con la actitud de Castro hacia mí y con un eventual levantamiento del embargo y el restablecimiento de las relaciones. A menos que Castro esté dispuesto a liberar prisioneros políticos y comenzar su retirada de África, esta posibilidad está bastante distante”.[vi]

Lamentablemente Carter mantuvo esta posición de condicionamiento en los meses siguientes de 1977 e incluso la reforzó cuando fueron enviados 12 000 efectivos cubanos a Etiopía a petición del gobierno de Mengistu Haile Mariam[vii] para enfrentar la invasión somalí a la región del Ogaden, ubicada al este de Etiopía.

El asesor para Asuntos de Seguridad Nacional, Zbinew Brzezinski, indispuesto desde el inicio de la administración Carter a un entendimiento con Cuba, aprovechó el momento de la entrada de las tropas cubanas a Etiopía para hacer dominantes en el ejecutivo estadounidense sus puntos de vistas contrarios a la normalización de las relaciones, desplazando otros enfoques más constructivos y flexibles dentro de la administración, provenientes fundamentalmente del Departamento de Estado y en especial del secretario de Estado, Cyrus Vance.

Pese a los innumerables desencuentros y obstáculos, el año 1977 terminó con un saldo positivo para las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. Se vivía un momento de relativo deshielo entre Washington y La Habana. Aunque la esencia de la confrontación, hegemonía versus soberanía, permanecía inmutable, al menos se presentaba de una forma diferente, constituyendo un verdadero punto de inflexión en la línea de agresividad que había caracterizado la política norteamericana hacia Cuba desde 1959.

En 1977 se negociaron los problemas menos candentes en las relaciones bilaterales, pero a partir de 1978 el proceso de “normalización” de las relaciones empezaría a congelarse e incluso a retroceder, pues los temas más espinosos de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos no serían resueltos, y en eso tendría gran responsabilidad la Administración norteamericana, al imponerse en su seno la idea de condicionar el avance del proceso de normalización de las relaciones a la “moderación” del activismo internacional de Cuba, allí donde se afectaran los intereses de los Estados Unidos en el marco del conflicto Este-Oeste. En ello tuvo mucho que ver la preponderancia que ganaron dentro de la Administración Carter los sectores que solo veían la proyección de la política exterior de los Estados Unidos desde el lente de la confrontación con la URSS. De esta manera, como sostiene Robert Pastor, quien fuera asistente para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional: “La ventana para la normalización de las relaciones se había abierto ampliamente y luego cerrado en un solo año: 1977”.[viii]

No obstante, pese a que se observó un congelamiento del proceso de “normalización” por parte de la Administración demócrata, el diálogo y la cooperación en determinadas áreas continuó hasta fines de 1980. Todavía en enero de 1978 se dieron algunos pasos positivos para el mejoramiento de las relaciones entre ambos países como fueron: la decisión de Cuba de poner en libertad a algunos de los presos norteamericanos en la Isla y a miles de presos cubanos contrarrevolucionarios;[ix] el anuncio del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de que los residentes en el país podían enviar dinero directamente a sus parientes inmediatos en Cuba a razón de hasta 500 dólares trimestralmente y el encuentro celebrado en La Habana entre oficiales de la guardia costera norteamericana y sus homólogos cubanos, con el objetivo de lograr la cooperación en la búsqueda y rescate en aguas internacionales, así como en el enfrentamiento al narcotráfico y el terrorismo. Asimismo, los intercambios culturales, académicos, científicos y deportivos continuarían hasta los momentos finales de la Administración Carter. De hecho, las conversaciones secretas más extensas y continuadas entre ambos países tuvieron lugar en el año 1978 (New York, Washington, Atlanta, Cuernavaca y La Habana). [x]En 1979 hubo un impasse retomándose las discusiones en enero, junio y septiembre de 1980, todas celebradas en La Habana.
Segundo viaje

En febrero de 1978, Carter, exasperado con la presencia militar cubana en África y las implicaciones de la misma en la confrontación global con la URSS, aprovechó el nexo establecido por Paul Austin con Fidel y lo envió a La Habana en una importante misión. Lo acompañaría nuevamente su ayudante Ted Circuit. Austin tenía cierta experiencia en este tipo de misiones extraoficiales, pues Carter le había encomendado a inicios de 1977 reunirse con el presidente de Egipto, Anwar Sadat, para sostener amplias e importantes conversaciones.

El 3 de febrero, el presidente estadounidense escribió en su diario: “Paul Austin me visitó. Nosotros lo estamos enviando de manera muy confidencial a una importante misión en Cuba”.

Años después, recordando aquel hecho y con el objetivo de publicar su diario, Carter añadió el siguiente comentario: “Quería que Paul, como un ciudadano privado, explorara con Castro la posibilidad de movernos más rápidamente hacia una reconciliación Estados Unidos-Cuba. Yo había levantado las restricciones a los viajes, pero Cuba estaba todavía militarmente involucrada en varios países africanos. El embargo económico estaba lastimando al pueblo cubano, no a Castro, y allí había una potencial ventaja estratégica en alejar a Cuba de la Unión Soviética”.[xi]

El 25 de febrero el líder cubano recibió el mensaje de Carter de manos de Paul Austin. El documento decía lo siguiente:

“He pedido al Sr. Paul Austin, quien es un amigo de confianza y asesor, que hable con usted acerca de ciertos asuntos que son de gran importancia para mí y la relación entre nuestros dos países. Como usted conoce, he esperado que sea posible para usted y para mí movernos hacia la plena normalización de las relaciones, y me gustaría ver progresos eliminando los obstáculos que impiden el movimiento hacia delante. (claramente se estaba refiriendo a la necesidad del retiro de las tropas cubanas de África) El Sr. Austin tiene toda mi confianza y está completamente familiarizado con mi forma de pensar. Nadie estaría mejor calificado que él para representarme en esta misión, y le pido trasmita a él cualquier idea que pueda tener”.[xii]

El líder de la Revolución Cubana respondería cordialmente:

“Con gran aprecio recibí su nota personal. Agradezco mucho el gesto y valoro altamente la forma en que usted decide, a diferencia de anteriores líderes de su país hacer este tipo comunicación constructiva con nosotros. Con el señor Austin sostuve la vez anterior serios y sinceros diálogos que nos permitió profundizar en este complejo y difícil tema de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Su carácter, seriedad y especial calidad personal facilitaron mucho los cambios de impresiones. Me satisface que haya sido escogido por usted para este mensaje.

Hemos conversado brevemente pero con profundidad, seriedad y honestidad sobre los temas abordados por él. Espero sean de interés para usted los criterios expuestos”.[xiii]

En sus conversaciones con el Comandante en Jefe, Austin señaló que se había reunido con Carter seis días antes y que, además del Presidente, habían estado presentes Brzezinski y Vance. “Carter tenía dos puntos fundamentales -destacó Austin-. Primero, él quiere sinceramente el restablecimiento de relaciones normales entre las dos naciones, y él está haciendo planes en esa dirección; usted por su parte, ha hecho varios movimientos que usted mencionó en ocasión de mi visita pasada y que yo le trasmití al señor Carter, y él estuvo complacido. Pero ahora el último problema es la intensificación de tropas en África. Aparentemente ha llegado a una cifra, a un punto, en que Carter está profundamente preocupado. Hasta ese punto él llegó en sus comentarios conmigo…”.[xiv]

Austin amplió el mensaje trasmitido señalando que Carter le había dicho que el problema de las presencia militar cubana en África afectaba sus posibilidades de obtener un triunfo en la cuestión de los tratados del Canal de Panamá. Que estaba además siendo muy criticado en su país por la política hacia América Latina, al tiempo que la participación militar cubana en el continente africano había empeorado las cosas. Según Austin, el Presidente norteamericano le había expresado: “Espero que el doctor Castro no me obligue a arrinconarme”.[xv]

En respuesta, el Comandante en Jefe, explicó al enviado secreto que entendía la difícil situación en que se encontraba Carter, que no había en realidad ninguna relación entre el problema de África y el problema de Panamá, que todo había sido una coincidencia, y que Cuba veía como algo muy positivo los acuerdos sobre el Canal de Panamá.

Además, despejando un poco las preocupaciones de Carter con respecto al Cuerno africano, el líder cubano pidió que, de manera confidencial, Austin trasladara a Carter lo siguiente:

Lo primero: los etíopes lo han declarado públicamente ¾se refiere a la no intención de penetrar en territorio de Somalia¾ y se lo han comunicado al gobierno de Estados Unidos a través del subsecretario que viajó a Etiopía, y nosotros sabemos que esa posición de los etíopes es seria, que lo que ellos están diciendo es la verdad, nosotros lo sabemos. Segundo: nosotros sabemos el criterio soviético, y los soviéticos están de acuerdo con esa posición de Etiopía y son contrarios a que se penetre en el territorio somalí. Tercero: nuestras opiniones, que yo se las puedo dividir en tres partes: primero, respetamos y apoyamos la posición de Etiopía en este sentido; segundo, creemos que no se debe pasar al territorio del otro lado de la frontera; tercero, nuestro compromiso con los etíopes se limita a ayudarlos dentro de las fronteras. ¿Está claro? Puedo añadir que no creo que sea necesario cruzar la frontera para resolver el problema militarmente. Ahora, yo digo que esto supone, estos puntos de vista suponen que, una vez rechazada la tropa agresora, Somalia deje en paz a Etiopía y no se convierta en una agresora sistemática de Etiopía, porque de lo contrario Etiopía puede reaccionar de otra forma. (…)

Eso de mi parte se lo puede asegurar a Carter, que yo tengo absoluta seguridad, por los argumentos que les he expuesto, de que no se producirá ninguna violación, no se producirá ningún ataque a través de la frontera de Somalia; que las fronteras de Somalia serán absolutamente respetadas. Yo creo que eso es una gran concesión por parte de Etiopía; porque casi es como si les dijeran a los norteamericanos cuando se produce Pearl Harbor, cuando se produce la agresión, que le prometieran a Japón no tocar sus fronteras. Desde el punto de vista militar es realmente una cosa excepcional eso. Sin embargo, yo les puedo asegurar que en estas circunstancias las promesas que hizo el gobierno etíope son serias, son fundadas, son absolutamente justas desde el punto de vista político, para no crear ninguna complicación. Y los dos países que lo estamos ayudando, que son la Unión Soviética y Cuba, tenemos el mismo criterio sobre eso. Nuestro compromiso llega hasta la frontera. [xvi]

Como iniciativa personal, Austin preguntó a Fidel si no creía que sería una buena idea que él y Carter tuvieran una reunión cumbre. El líder cubano expresó entonces:

Yo puedo hacer comentarios sobre eso, porque es lo que pienso. Yo creo que no tendría ninguna objeción de mi parte. Cuando se ha planteado este problema, siempre lo he visto desde el punto de vista de Carter, si las circunstancias políticas le permiten a él tener un contacto de este tipo. Pero pienso que por nuestra parte no habría ninguna dificultad. Lo único es que un problema de esta naturaleza yo no debo decidirlo unilateralmente, también tengo que tener en cuenta los criterios de todos los demás compañeros; pero no pienso que haya ninguna dificultad en ese sentido. Desde el punto de vista mío, mi respuesta personal es esa: que nunca habría dificultad. Desde luego, depende del momento, las circunstancias, los factores políticos que le permitan a Carter tener un contacto de esta naturaleza. Eso yo lo entiendo. Él no puede decidir cualquier día a cualquier hora un encuentro sin tomar en cuenta la situación política de Estados Unidos, el momento internacional y estos tipos de problemas. Por eso, si eso no puede hacerse ahora y hay que esperar un año, dos o más, no hay problema en eso. Nosotros entendemos perfectamente. Pero si me pregunta mi posición, por mi parte no tengo objeción, y entiendo que la dirección de nuestro país no tendría objeción.[xvii]

Carter siguió erróneamente tratando de lograr que Cuba desistiera de su internacionalismo en África o al menos moderara su actuación a cambio de la “normalización” de las relaciones. En todas las conversaciones secretadas desarrolladas en 1978 África fue el punto más álgido de las discusiones y el obstáculo fundamental fijado por el gobierno estadounidense para poder continuar el avance del proceso de “normalización”. En cambio Cuba, sin mostrarlo como un gesto directo hacia los Estados Unidos, decidió liberar a miles de presos contrarrevolucionarios en 1978, lo cual evidenciaba un deseo de la dirección cubana de reanimar el proceso de normalización de las relaciones entre ambos países, congelado a partir de la entrada de tropas cubanas en Etiopía. “En ese momento –recuerda Robert Pastor- llegué a la conclusión de que Castro vio esta iniciativa como una manera de tratar de poner las discusiones sobre la normalización de nuevo en marcha. No tenía la menor intención de negociar el papel de Cuba en África a cambio de la normalización, pero tal vez pensó que gestos positivos en los derechos humanos , prioridad de Carter, serían suficientes . No lo eran ”.

Lo cierto es que la administración Carter jamás entendió la perspectiva cubana, en la que el tema del internacionalismo en África y la normalización de las relaciones con los Estados Unidos eran asuntos a manejar independientemente. Estados Unidos, por el contrario, estableció una conexión funesta entre estos, mezclando los aspectos bilaterales con los multilaterales. El asistente para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional, Rober Pastor, fue de los pocos dentro de la administración que entendió que vincular ambos temas en las negociaciones con los cubanos era el “instrumento equivocado”. “Kissinger unió las dos cuestiones –la retirada de Cuba de Angola a fin de lograr mejores relaciones con los EE.UU– solo para fracasar en ambas”, [xviii] le advirtió a Brzezinski.

Si el año 1977 había terminado con un balance positivo en cuanto a la mejoría de las relaciones Estados Unidos-Cuba, en el año 1978 la tendencia se había invertido y las esperanzas de que se pudiera continuar avanzando eran casi nulas en ambos lados.
Tercer Viaje

El tercer viaje de Austin a Cuba se produjo en septiembre de 1980, en la etapa de mayores tensiones en las relaciones Estados Unidos-Cuba durante el mandato de Carter. La crisis migratoria del Mariel y los efectos de la misma en el escenario interno de los Estados Unidos, en medio del proceso electoral en el que Carter aspiraba a la reelección presidencial, habían creado un clima poco propicio para cualquier mejoría de las relaciones bilaterales. Las conversaciones secretas sostenidas entre representantes de ambos países en junio de 1980 habían terminado en un desencuentro total. [xix]

Asimismo, la posibilidad de una mejoría de las relaciones Estados Unidos-Cuba, se hacía harto difícil en medio de la cambiante situación internacional. Para esa fecha el mundo retornaba a un escenario de Guerra Fría. La invasión soviética a Afganistán en diciembre de 1979, había echando por tierra cualquier posibilidad de salvar la distensión este-oeste, proceso que venía mostrando un deterioro paulatino desde 1978. Las críticas contra la política exterior de Carter eran cada vez más crecientes, y se utilizaban como ejemplos: la presencia militar cubana en África, que consideraban hacía el trabajo sucio de los soviéticos en ese continente,[xx] el triunfo del movimiento de la Nueva Joya en Granada en marzo de 1979 y de la Revolución Sandinista en Nicaragua en julio del propio año, y “la incapacidad de Carter” para hallar una solución definitiva a la crisis de los rehenes estadounidenses en la embajada de Teherán.

Al mismo tiempo, la misión de Austin se produce en un contexto en el que, desde el mes de julio, la máxima dirección de la Isla, conocedora de los peligros que representaba para la paz mundial un triunfo de Ronald Reagan en las elecciones de los Estados Unidos y la aplicación del programa del partido republicano, había adoptado la estrategia de no hacer nada que pudiese interpretarse en los Estados Unidos como una provocación deliberada y pusiera a la administración Carter en una situación aún más crítica frente a sus adversarios internos. Así, el Mariel seguiría abierto, y los cubanos se reservaban sus opciones, pero Fidel dio instrucciones de que las salidas que ocurriesen debían manejarse de forma tal que afectaran lo menos posible a la administración Carter. Fue en esos días que dejó de aparecer en el periódico “Granma” la sección “Noticias del Mariel”.

De esta manera el presidente estadounidense, evidentemente frustrado en cuanto a la posibilidad de resolver la crisis del Mariel que tanto le estaba afectado en la campaña electoral, decidió nuevamente utilizar como mensajero secreto al Presidente de la Coca Cola, Paul Austin, y mostrar una posición más flexible hacia la Isla que la mantenida en las conversaciones de junio, en las que los representantes de Estados Unidos había viajado a La Habana con instrucciones de solamente discutir acerca de la crisis migratoria del Mariel, y no de otros temas que eran de interés para Cuba.

Así Austin, después de recibir directamente las instrucciones de Carter,[xxi] viajó a la Isla y el 3 de septiembre sostuvo una reunión privada con el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz. Acompañaron al líder cubano el vicepresidente Carlos Rafael Rodríguez –se incorporó luego de comenzada la reunión- y la traductora Juanita Vera. Junto a Austin, se encontraba su ayudante Ted Circuit.

En las conversaciones, Austin transmitió a Fidel la disposición del presidente Carter de reunirse directamente con el líder cubano en algún momento próximo antes de la navidad para discutir todos los problemas que estaban afectando las relaciones entre ambos países. El mensaje era muy osado, pues hasta Carter, ningún presidente norteamericano había tenido la valentía política de hacer un planteamiento como ese, mucho menos en medio de un clima de tensiones entre los Estados Unidos y Cuba y en un año electoral. Ninguno de los futuros inquilinos de la Casa Blanca superaría a Carter en ese sentido.

Cuando el señor Carter me llamó por teléfono hace cuatro o cinco días -explicó Austin a Fidel-, me dijo que quería que yo lo visitara a usted aquí en La Habana para sostener una breve conversación, basada en la idea que Carter tiene, al efecto de que las dos naciones, la vuestra y la suya, deben elaborar una especie de planes a fin de desarrollarse conjuntamente. Ya se están realizando trabajos con vista a ese tipo de desarrollo de relaciones, pero Carter considera que se puede hacer aún más para el beneficio de ambas naciones. Él me ha pedido que viniera, pues, para esta charla, porque él considera que este tipo de charla informal no debe ser manejada por funcionarios, específicamente, del gobierno. Y para ser más específico, él desea tener contactos con usted en los próximos meses, a su nivel y al nivel de Carter, a fin de ventilar las opiniones de ambos hombres con la intención evidente y manifiesta de continuar progresando juntos en este sentido. Él me dijo que había dos puntos para discusión que se le han ocurrido a él. Uno es la distribución más amplia de medicamentos y el problema tan espinoso del bloqueo. Él comprende que se realizó durante un período de años y que igualmente tomará años deshacer lo hecho; pero considera que en algún punto hay que empezar a eliminarlo, y considera él que en el último período de este año pudiera celebrarse una reunión que se dedicara específicamente a analizar lo que cada uno de los países puede hacer con el objeto de ayudarse mutuamente. Es decir, Estados Unidos tendría el problema relativo a deshacerse de este bloqueo ¾a deshacerse del bloqueo, repito¾. Y él me dijo que consideraba justo preguntarle a usted, o más bien pedirle que adoptara una posición neutral hacia Estados Unidos durante un año electoral. Me dijo que estaba apercibido, de que usted está perfectamente familiarizado con lo que significa un año electoral, es decir que no es momento para que la situación se exacerbe. Evidentemente, él se encuentra en un estado propicio para tratar de conocerle mejor a usted sobre bases de igualdad, con la intención diáfana de mejorar las relaciones entre usted y él, sin dejar que esto caiga en manos de un grupo, de un equipo determinado de funcionarios; sino más bien usted, como representante de vuestro país, y Carter como representante de su país, reunirse y analizar si hay alguna forma de tener unas relaciones más significativas y de mayores vínculos. Y él me habló de esto realizarlo más bien en un futuro inmediato, en un futuro cercano, próximo.[xxii]

Mas adelante agregó Austin:

Pero hay algo más que casi se me olvidaba. Se trata de mi evaluación de la reacción de Carter cuando me dijo: ‘Por favor, dígale al Comandante que yo quiero dos programas: uno a corto plazo, que podamos nosotros manejar antes de las Pascuas y otro programa a largo plazo que pueda ser instrumentado al final del próximo año’.[xxiii]

Fidel respondió que recibía el mensaje con mucho agrado y receptividad, y que por parte de Cuba existía la mejor disposición a trabajar en ese sentido:

“Me alegra mucho, realmente lo que usted me explica sobre la posición del gobierno de los Estados Unidos de mejorar las relaciones con Cuba. A mí me parece absurdo un período tan largo con falta de comunicación. Me parece que es mucho más constructivo, no solo por las relaciones con Cuba, sino con relación a la situación internacional”.[xxiv]

El Comandante en Jefe expresó además al enviado de Carter que estaba muy consciente de la situación interna en los Estados Unidos, de la situación internacional y de los peligros que representaba para el mundo la plataforma electoral del Partido Republicano. Y que, por tal motivo, estaba dispuesto a evitar el menor incidente que pudiera crear problemas a Carter.

Y esa es nuestra disposición de cualquier paso que haya que dar para evitar -dijo Fidel-, a toda costa, cualquier problema, nosotros estamos dispuestos a darlos. Dígaselo a Carter, que no se preocupe por las cuestiones de los secuestros de aviones, que hemos tomado medidas duras. Pero si hay que tomar medidas más duras todavía, las tomamos. De modo que no se preocupe por eso, que pueda afectar a Carter en este período. Quiero también decirle lo siguiente: estoy pensando en alguna fórmula adicional, algunos pasos adicionales, que yo quiero que le comunique a Carter, que pueden ayudar en esta solución. Nosotros tenemos alrededor de 30 norteamericanos presos, algunos de ellos por delitos comunes, tráfico de drogas, otros por delitos contrarrevolucionarios, y yo estoy pensando en el momento oportuno, como una acción unilateral, poner en libertad a los norteamericanos. Yo estoy pensando lo más rápidamente posible. Yo creo que eso puede tener algún efecto. (…)

Entonces yo creo que debemos presentarlo como resultado de una gestión de los representantes norteamericanos en Cuba, para que tenga mejor efecto político y pueda darse como resultado del trabajo de los representantes norteamericanos. (…)

Yo quiero decirle que había estado pensando esto, antes de conocer su visita; pero cuando recibí el mensaje me confirmé más de la conveniencia de realizar este gesto.[xxv]

La misión de Austin fue cumplida con éxito y contribuyó a facilitar el camino, para que días después, Peter Tarnoff, secretario ejecutivo del Departamento de Estado viajara a Cuba, para concretar varios acuerdos con la máxima dirección de la Revolución.

El enviado de Washington expresó a Fidel que Estados Unidos estaba dispuesto en principio a tratar cualquier cuestión que Cuba quisiera plantear en las discusiones acerca de las relaciones bilaterales y acerca de otros temas de preocupación para ambos gobiernos, pero destacó que el momento no era propicio en particular para entrar en las causas más profundas y arraigadas de los problemas bilaterales, pues exigían mucho tiempo y ningún lado sacaría ningún beneficio al entrar en tales negociaciones en los próximos meses. De esta manera, Tarnoff trasladó la propuesta de su gobierno de iniciar un proceso que tendría dos etapas, con ciertas negociaciones y acciones a empezar inmediatamente y otras que estarían diferidas hasta principios del año 1981 cuando se conocieran ya los resultados de las elecciones en los Estados Unidos. Concretamente la administración Carter propuso que Cuba diera los siguientes pasos:

1-Parara el flujo de emigrantes hacia Estados Unidos vía Mariel.

2-Aceptara la devolución de Estados Unidos de personas confirmadas, por funcionarios consulares o de emigración, como deseosas de volver a Cuba.

3-Aceptara la iniciación de negociaciones entre funcionarios de emigración de Cuba y de Estados Unidos, y que tales negociaciones comenzaran de manera reservada, confidencial, en Nueva York, antes de fines de septiembre, en aras de llegar a un acuerdo sobre un programa de salidas ordenadas que podría reglamentar la emigración desde Cuba a Estados Unidos.

4-Como parte de esta negociación en Nueva York, que Cuba consintiera considerar, en principio, el retorno a Cuba de personas que habían llegado a Estados Unidos por el puente marítimo desde el Mariel pero que habían sido halladas inelegibles para entrar a Estados Unidos bajo las leyes y reglamentos existentes en Estados Unidos.[xxvi]

El enviado de Washington, también expresó a Fidel que si Cuba está dispuesta a tomar estas acciones, Estados Unidos inmediatamente tomaría las siguientes decisiones:

1-Comenzaría conversaciones con Cuba sobre la restitución del acuerdo sobre piratería aérea.

2-Empezaría inmediatamente conversaciones con Cuba sobre un acuerdo que permitiría servicio aéreo regular entre Cuba y Estados Unidos.

3-Inmediatamente empezaría una consideración seria de un listado de medicamentos que podrían ser exentos del embargo.

Además de lo ya dicho, Estados Unidos estaría de acuerdo en que no más tarde del primer trimestre del año 1981 se celebraran, entre representantes de Estados Unidos y Cuba, conversaciones de suficiente amplitud como para cubrir todos los aspectos de las relaciones bilaterales y preocupaciones mutuas.[xxvii]

Seguidamente, Fidel hizo un amplio análisis de los peligros que representaba para Cuba y para el mundo el triunfo de la plataforma programática del Partido Republicano en las elecciones de noviembre y luego hizo énfasis en que no estaba pensando en una negociación en ese momento, sino en proponer una serie de medidas unilaterales relacionadas con los asuntos que le preocupaban a Carter y aceptar los puntos, sobre todo, el cuarto (sobre las conversaciones globales entre Estados Unidos y Cuba para el primer trimestre de de 1981), que sería considerado como una promesa. El líder de la Revolución Cubana le hizo saber al enviado de Carter que se reuniría con el Buró Político para intercambiar impresiones y le informaría antes de su partida a los Estados Unidos sobre los pasos que daría Cuba.[xxviii]

La confirmación de las medidas que tomaría Cuba se la dio Fidel a Tarnoff en la noche de ese propio día 12 de septiembre cuando volvieron a reunirse. La primera medida sería la publicación de una declaración en el periódico Granma donde se advertiría categóricamente que de producirse nuevos secuestros de aviones en territorio estadounidense con el objetivo de desviarlos hacia Cuba las autoridades cubanas tomarían medidas penales drásticas contra sus autores o bien serían devueltos al territorio de los Estados Unidos para ser juzgados en ese país. Con esa declaración se pensaba frenar totalmente los secuestros. Como segundo punto, Cuba liberaría a 33 presos estadounidenses, condenados en la Isla por delitos como: tráfico de drogas, secuestros de aviones, actividades contrarrevolucionarias, entre otras actividades penadas por la ley. Como un tercer paso, el gobierno cubano pararía desde el 25 de septiembre hasta el 4 de noviembre la salida del Mariel, reservándose la potestad de valorar su reapertura o no después de esa fecha. Como cuarto punto, el cual se había conversado ya en la mañana de ese día, Cuba autorizaría la salida del país de un grupo de los individuos que habían penetrado en la Sección de Intereses de Washington en La Habana, algunos que poseían doble nacionalidad y otros que no estaban en esas categoría pero que habían manifestado su deseo de salir de la Isla al ritmo que Estados Unidos estimara conveniente. Finalmente, como quinto punto, Fidel destacó que Cuba seguiría desarrollando gestiones internacionales, como conversaciones con los soviéticos y con los países del Tercer Mundo con la idea de ayudar a evitar problemas que pudieran perjudicar la situación interna en los Estados Unidos, así como algunas gestiones para tratar de influir sobre los iraníes para que liberaran a los rehenes estadounidenses. Estas gestiones serían discretas, concretas, previendo pudieran afectar a la administración de Carter. [xxix]

Como parte de los pasos que Cuba había decidido dar: el 16 de septiembre salió la nota en Granma advirtiendo que de producirse nuevos secuestros de aviones en Estados Unidos con el objetivo de regresar a Cuba, las autoridades cubanas tomarían medidas penales drásticas o bien los responsables serían devueltos al territorio norteamericano, las actividades del Mariel fueron suspendidas el 25 de septiembre y el 13 de octubre de 1980, Ramón Sánchez Parodi, jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, anunció en esa capital que se dejaría en libertad a todos los presos norteamericanos encarcelados en la Isla.

Pese a todos los pasos dados por Cuba, lamentablemente Carter perdió las elecciones de noviembre y nadie puede descifrar lo que hubiese ocurrido en cuanto a las relaciones Estados Unidos-Cuba de haber salido reelecto, aunque las características del escenario interno en los Estados Unidos y la dinámica del entorno internacional, para finales de 1980, no estimulaban un cambio sustancial.[xxx]

Wayne Smith, quien se desempeñó como jefe de la Sección de Intereses de Washington en La Habana en los dos últimos años del mandato de Carter, es del criterio de que si Carter hubiera salido reelecto se hubiera alcanzado la normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba: “Yo firmemente creo que si Carter hubiera sido reelecto, nosotros hubiéramos alcanzado la normalización de las relaciones con Cuba. El Consejo de Seguridad Nacional había quedado fuera de las decisiones y Carter estaba de acuerdo en que si Fidel cerraba el Mariel, los Estados Unidos comenzarían el tipo de negociación asunto por asunto, que el proceso necesitaba. La atmósfera era conducente a la normalización y no solo del lado de Estados Unidos. Castro también había llegado a la comprensión de que era mucho mejor tratar con Carter que con Reagan y por eso estaba inclinado a moverse en esa dirección”.[xxxi]

Pese a la valoración de Smith, pienso que de haber sido reelecto Carter en las elecciones de noviembre de 1980 no le iba ser nada fácil normalizar las relaciones con Cuba dentro de un entorno internacional tan desfavorable para ello y con el giro hacia la derecha que se observaba prácticamente en todo el sistema político norteamericano. Las tensiones propias de la Guerra Fría habían retornado vehementemente al escenario internacional y estas, desdichadamente, enturbiaban las relaciones cubano-estadounidenses. No fue casual que las intenciones de de explorar una posible “normalización” de las relaciones con Cuba hubieran salido a relucir en momentos en que tenía lugar una relativa distensión entre la URSS y los Estados Unidos. Así fue durante la administración Kennedy en el año 1963, la administración Nixon –especialmente en el Congreso-, la administración Ford y la administración Carter. Mas para 1980 la realidad internacional era bien distinta. Eso explica también el porqué Carter, antes de abandonar la Casa Blanca, dejara recomendado a su sucesor la amenaza militar a Cuba; a quien a decir verdad, no le hacía falta muchas recomendaciones para seguir los rumbos más agresivos con relación a la cuestión cubana.

En directiva presidencial del 15 de enero de 1981, referente a las Modificaciones de la Estrategia Nacional de los Estados Unidos, el aún presidente de los Estados Unidos señaló: “La proyección soviética de poder en la región del Caribe con la asistencia de Cuba en los dos últimos años ha creado otra área de mayor preocupación en materia de seguridad. …, es necesario lograr silenciosamente una presencia militar más fuerte en la región mediante cambios graduales en nuestras actividades de ejercicios militares y destacando las fuerzas estadounidenses en la parte sudoriental de los Estados Unidos y sus territorios en la región, lo que será percibido por Cuba y la Unión Soviética como prueba de nuestra determinación de limitar la influencia soviética y cubana en la región”.[xxxii]

Se hace entonces evidente que, si bien Carter estaba valorando un acercamiento diplomático a Cuba en caso de salir reelecto, este iría acompañado de la amenaza militar a la Isla para proteger los intereses fundamentales de los Estados Unidos en la región. Otro elemento para pensar con poco optimismo en la posibilidad de un entendimiento entre los Estados Unidos y Cuba, pues la manida política estadounidense del garrote y la zanahoria no había dado resultado ninguno con Cuba.

Paul Austin terminaría sus funciones como presidente de la Coca Cola en 1981 y cuatro años después fallecería a la edad de 70 años, llevándose con él un testimonio de extraordinaria valía histórica al haber servido como un intermediario secreto entre James Carter y Fidel Castro, en uno de los momentos en que más posibilidades hubo de avanzar hacia una relación más civilizada entre Estados Unidos y Cuba. Pasados casi 40 años de esta experiencia, documentos muy bien guardados en los archivos estadounidenses y cubanos nos permiten reconstruir esta historia fascinante y necesaria para la coyuntura actual.

Notas

[i] Directiva Presidencial/NSC-6, 15 de marzo de 1977, The Carter Administration. Policy toward Cuba: 1977-1981, (documentos desclasificados, Biblioteca del ISRI) (Traducción del ESTI).

[ii] Entrecomillamos la palabra normalización con toda intención, pues hacemos referencia a lo que Estados Unidos entendió en ese momento que significaba una normalización de las relaciones con Cuba y que siempre traía aparejado que la Isla cediera parte de su soberanía, ya fuera en política interna o externa, a cambio de la “normalización”. Pienso que es imposible hablar de una normalización de las relaciones Estados Unidos-Cuba en su acepción más clásica, pues a lo más que se puede aspirar es al establecimiento de un modus vivendi entre adversarios ideológicos o a una relación más civilizada entre contrarios.

[iii]Benes era Presidente del Consejo Nacional de Salud y vicepresidente ejecutivo del Banco Nacional Continental de Miami. Había tenido un contacto inicial en Panamá, el 23 de agosto de 1977, con dos altos oficiales cubanos del Ministerio del Interior: José Luis Padrón y Antonio de la Guardia. De ahí en adelante, Benes y su compañero de negocios Carlos Dascal -también cubano-estadounidense-, participaron en varias reuniones con Padrón y Tony de la Guardia donde se analizaron varios temas de las relaciones cubano-estadounidenses y de las relaciones entre el gobierno cubano y la comunidad cubana en el exterior. Nassau, Ciudad México, Jamaica y Panamá fueron algunos de los lugares escogidos para los contactos. Los mensajes entre Washington y La Habana se trasladaban por medio del ataché político cubano en Jamaica, Ramón de la Cruz. Benes y Dascal estaban autorizados por el gobierno de los Estados Unidos, la CIA y el FBI, para realizar estos contactos, de los cuales informaban cada detalle. Realmente Benes y Dascal fueron los intermediarios de un canal secreto de comunicación entre los Estados Unidos y Cuba que se implementó a partir de 1978 y que se extendió hasta finales de la administración Carter. También sostuvieron numerosos encuentros con Fidel Castro.
[iv] Fidel se estaba refiriendo a los sucesos de Shaba I, ocurridos en marzo de 1977. Para ampliar véase: Elier Ramírez y Esteban Morales, De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba (segunda edición ampliada), Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014.
[v] Conversación del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, con Paul Austin, presidente de la Coca Cola. Palacio de la Revolución, La Habana, 4 de junio de 1977. Versiones taquigráficas del Consejo de Estado.
[vi] Jimmy Carter, White House Diary, Picador. Farrar, Straus and Giroux, New York, 2011, p. 62.
[vii] En Etiopía, menos de dos semanas después de la llegada de Carter a la Casa Blanca, la junta militar que en 1974 había derrocado al emperador Haile Selassie, aliado de los Estados Unidos, se había encaminado en un rumbo cada vez más proclive a la izquierda, desalentando las esperanzas estadounidenses de mantener su influencia sobre aquel país.

[viii] Robert A. Pastor, “The Carter-CastroYears. A Unique Opportunity”. In Fifty Years of Revolution: Perspectives on Cuba, The United States, and the Word, edited by Soraya M. Castro Mariño and Ronald W.Pruessen. Gainesville: University of Florida Press, 2012, p. 244.

[ix]El anuncio fue hecho luego de una visita de tres días del más numeroso grupo de legisladores estadounidenses que había visitado Cuba desde 1959 (diez legisladores). Los legisladores encabezados por el demócrata por Wisconsin, Henry Reuss, se entrevistaron con Fidel Castro.

[x] Para ampliar acerca de estas conversaciones véase: Elier Ramírez Cañedo y Esteban Morales, De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba (segunda edición ampliada), Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014.

[xi] Jimmy Carter, White House Diary, Picador. Farrar, Straus and Giroux, New York, 2011, pp. 168-169.

[xii] The White House. February 7, 1978. From Carter to Fidel Castro. Documento obsequiado al autor por el investigador estadounidense Peter Kornbluh. Véase anexo 1.

[xiii] Consejo de Estado y del Gobierno. Febrero 26 de 1978. Mensaje de Fidel Castro a James Carter. Documento obsequiado al autor por el investigador estadounidense Peter Konbluh. Véase anexo 2.
[xiv]Conversación del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, con Paul Austin, presidente de la Coca Cola, Palacio de la Revolución, 25 de febrero de 1978. Versiones taquigráficas del Consejo de Estado.

[xv] Ibídem.

[xvi] Ibídem.

[xvii] Ibídem.

[xviii] Memorándum de Robert Pastor a Brzezinski, 1 de agosto de 1977, The Carter Administration. Policy toward Cuba: 1977-1981, (documentos desclasificados, Biblioteca del ISRI) (Traducción del ESTI).

[xix] Desde la tarde del 17 hasta la madrugada del 18 de junio de 1980 se reunieron en La Habana: Petter Tarnoff (del Departamento de Estado), Robert Pastor (asistente para América Latina del Consejo de Seguridad Nacional), y el ya mencionado Wayne Smith, en representación del gobierno de los Estados Unidos, y José Luis Padrón (presidente del Instituto Nacional de Turismo), Ricardo Alarcón (viceministro de Relaciones Exteriores) y José Antonio Arbezú Fraga (funcionario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba), por la parte cubana.[xix] Las conversaciones fueron tensas desde el comienzo, pues los enviados de Washington insistían en comenzar la agenda de discusión por los puntos que consideraban apremiantes y urgentes: el problema migratorio y la situación de los individuos que se encontraban en la SINA. Por su parte, la representación cubana consideraba esta intención un enfoque unilateral, y abogaba por iniciar el diálogo por los temas que constituían la esencia de los problemas entre ambos países, y no por los puntos que proponía la parte estadounidense, los cuales consideraba secundarios y derivados de otros problemas más profundos. El bloqueo, la base naval de Guantánamo, los vuelos espías, los ejercicios militares estadounidenses y el clima de hostilidad sistemático en el Caribe eran los aspectos globales por los que Cuba consideraba debía comenzar el debate.

[xx] En sus profundos trabajos sobre la presencia cubana en el continente africano, Piero Gleijeses ha demostrado -teniendo como respaldo una voluminosa documentación sobre el tema- que los cubanos enviaron sus tropas a Angola por iniciativa propia y sólo se lo comunicaron después a la Unión Soviética. En el caso de Etiopía, a pesar de que hubo una cooperación estrecha entre los dos gobiernos a lo largo del período que precedió la toma de decisión, los móviles del gobierno cubano para el envío de sus tropas no vinieron de Moscú, sino de la firme convicción de los líderes cubanos en que las medidas sociales y económicas tomadas por la Revolución Etíope eran de las más progresistas que se habían visto en los países subdesarrollados, después del triunfo de la Revolución Cubana, y porque consideraban que la invasión somalí era injustificada y criminal y que había sido alentada por los Estados Unidos

[xxi] En la reunión de Carter con Austin, estuvieron presentes también Muskie y Brzezinski.

[xxii] Conversación del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, con Paul Austin, Presidente de la Coca Cola, Palacio de la Revolución, 3 de septiembre de 1980. Versiones taquigráficas del Consejo de Estado.

[xxiii] Ibídem.

[xxiv] Ibídem.

[xxv] Ibídem.

[xxvi] Conversación del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, con Peter Tarnoff, del Departamento de Estado de los Estados Unidos, y Wayne Smith, Jefe de la Oficina de Intereses de Washington en La Habana, Palacio de la Revolución, 12 de septiembre de 1980, “Año del Segundo Congreso”. (Versiones Taquigráficas del Consejo de Estado).

[xxvii] Ibídem.

[xxviii] Ibídem.

[xxix] Ibídem.

[xxx] Pero no solo la crisis migratoria del Mariel contribuyó a la pérdida de Carter en las elecciones de noviembre de 1980: durante sus dos últimos años de gobierno, Carter dio una imagen de falta de liderazgo, de vacilaciones, incoherencias y contradicciones internas que obraron en función de la victoria de Reagan quien logró aglutinar a toda la derecha. Esta derecha además consiguió articular muy bien sus críticas contra el mandatario demócrata. En lo externo se le criticaba por no concluir con dureza las diferentes crisis como la del Mariel y los rehenes en Irán, así como por no haber evitado que se le fuera de las manos Nicaragua, Granada, Afganistán e Irán, mientras que en lo interno fundamentalmente por el llamado Billy Carter Affair o Billygate, el elevado déficit fiscal, el desempleo que alcanzaba al 8 % de la población y la tasa inflacionaria que ascendía al 7,6%. Sin embargo, hay que decir que el elemento más importante que dio el toque de gracia final a la posibilidad de un triunfo de Carter en las elecciones de 1980 fue su incapacidad para lograr la liberación de los norteamericanos mantenidos como rehenes en Teherán. Hasta el último momento la administración Carter estuvo intentando llegar a un acuerdo con el gobierno de Irán, pero su fracaso en este objetivo solo contribuyó a aumentar su descrédito ante los electores. Numerosos analistas y políticos norteamericanos son de la tesis que elementos republicanos montaron contactos paralelos secretos con representantes iraníes para impedir que la administración de Carter pudiese llegar a un acuerdo con Irán para la liberación de los rehenes, socavando así la actuación del gobierno de los Estados Unidos.

[xxxi] Entrevista realizada a Wayne Smith (vía correo electrónico), el 19 de junio de 2009.

[xxxii] Directiva Presidencial/NSC-52, 15 de enero de 1981, The Carter Administration. Policy toward Cuba: 1977-1981, (documentos desclasificados, Biblioteca del ISRI) (Traducción del ESTI).